lunes, 14 de septiembre de 2009

Al fin llegó el día

Siete, son las horas que quedan para que un avión despegue rumbo a la ciudad eterna, y yo mientras en mi habitación con un cúmulo de sentimientos que nunca había vivido anteriormente a la vez, intentando hacer pasar por equipaje de mano demasiadas cosas, rodeado de maletas, viendo los últimos reportajes de la liga española que veré en algún tiempo, y recibiendo las últimas llamadas de mi familia y amigos para desearme lo mejor en estos seis meses por tierras italianas.

Casi todos los que estáis leyendo esto sabéis que me ha costado hacer la maleta por el tema del peso, que he tenido que dejar en Sevilla muchas cosas y otras muchas que habré olvidado y me daré cuenta cuando llegue, pero las primeras cosas que metí y sin pensarme ni un segundo en quitarlas fueron el abridor, las fotillos y la megatarjeta que me regalásteis en la despedida, aunque el mejor regalo fue que estuvieseis allí, muchas gracias por esa última noche, eso también lo llevo en la maleta.

El párrafo que estás leyendo en este momento lo he borrado mil veces en menos de un minuto, porque hablaba de cosas sobre estos cuatro años de carrera, de mis amigos y de las cosas que han ido sucediendo en este tiempo, pero he pensado que no es el momento para esto, que ya he vivido demasiados momentos de ese tipo en septiembre, entre los vídeos de la rubia, los textitos de Mamen, y las despedidas varias… de más de uno/a me he despedido dos y tres veces. Además creo que estas palabras irán saliendo cuando os empiece a echar de menos de verdad, y no quiero que os parezca un tostón este blog. Más bien creo que es un momento para incitaros, a venir a verme. Digo incitaros, que no invitaros, porque ya lo estáis de sobra.

Tenía muchas ideas para poner en esta primera entrada del blog, pero ahora solo atiendo a nervios, a pensar en que cosas he olvidado, y en no quedarme dormido y perder el vuelo. Así que voy a dormir y ya intentaré recuperar esas palabras, que mañana me espera un viaje largo.